Artículo publicado originalmente en inglés para Ethical Issues for the 21st Century, ed. Frederick Adams (Philosophical Documentation Center Press, 2003); y reimpreso en Review of Contemporary Philosophy, Vol. 4, May (2005).
El transhumanismo es un movimiento vagamente definido que se ha desarrollado gradualmente en las últimas dos décadas1. Promueve un enfoque interdisciplinario para comprender y evaluar las oportunidades para mejorar la condición humana y el organismo humano que nos ofrece el avance tecnológico. Para ello serán consideradas en la discusión tanto las tecnologías actuales, como la ingeniería genética y las tecnologías de la información, así como las que se hallan en desarrollo, la nanotecnología molecular y la inteligencia artificial.
Las opciones de mejora humana que se discuten incluyen la extensión del tiempo de vida, la erradicación de enfermedades, la eliminación de sufrimientos innecesarios y el aumento de las capacidades intelectuales, físicas y emocionales. Otros temas transhumanistas incluyen la colonización espacial y la posibilidad de crear máquinas superinteligentes, junto con otros desarrollos con efectos potenciales para alterar profundamente la condición humana. El enfoque transhumanista no se limita únicamente a gadgets o medicamentos, sino que abarca también diseño de modelos económicos, sociales e institucionales; y el desarrollo de aspectos culturales y habilidades y técnicas psicológicas.
Los transhumanistas consideran la naturaleza humana como un proceso no concluido, un proceso en desarrollo que podemos aprender a moldear de diversas maneras a voluntad. La humanidad actual no es ni debe ser el punto final de la evolución. Los transhumanistas esperan que, mediante el uso responsable de la ciencia, de la tecnología y otros medios racionales, podamos llegar a ser posthumanos, seres con capacidades mucho mayores que las que tienen los seres humanos actuales.
Algunos transhumanistas toman medidas activas para aumentar la probabilidad de que sobrevivan el tiempo suficiente para convertirse en posthumanos, por ejemplo, eligiendo un estilo de vida saludable o haciendo previsiones para que sean criogenizados en caso de des-animación2. A diferencia de muchas otras perspectivas éticas, que a menudo reflejan en la práctica una actitud reaccionaria y contraria hacia las nuevas tecnologías, la visión transhumanista se guía por una visión en evolución para adoptar un enfoque más proactivo sobre políticas tecnológicas. Esta visión, a grandes rasgos, es para crear la oportunidad de vivir vidas más largas y sanas, mejorar nuestra memoria y otras facultades intelectuales, refinar nuestras experiencias emocionales y aumentar nuestro sentido subjetivo de bienestar, y en general lograr un mayor grado de control sobre nuestras propias vidas. Este enfoque sobre el potencial humano representa una alternativa contraria a las habituales objeciones de jugar a ser Dios, experimentar con la naturaleza, manipular nuestra esencia humana o mostrar una arrogancia castigable.
El transhumanismo no implica optimismo tecnológico. Si bien las capacidades tecnológicas futuras tienen un inmenso potencial beneficioso, también pueden ser utilizadas de forma indebida para causar un daño enorme, llegando incluso a albergar la extrema posibilidad de extinguir la vida inteligente. Otros posibles resultados negativos incluyen la ampliación de las desigualdades sociales o un daño gradual de los bienes difíciles de cuantificar que son de nuestro profundo interés, pero que tendemos a descuidar en nuestra lucha diaria por acumular riqueza, como las relaciones humanas significativas y la diversidad ecológica. Tales riesgos deben tomarse muy en serio, como reconocen plenamente los transhumanistas3.
El transhumanismo tiene sus raíces en el pensamiento humanista secular, pero es más radical porque promueve no solo los medios tradicionales para mejorar la naturaleza humana, como la educación y el refinamiento cultural, sino también la aplicación directa de la medicina y la tecnología para superar algunos de nuestros límites biológicos básicos.
El conjunto de pensamientos, sentimientos, experiencias y actividades accesibles a los organismos humanos constituyen, presumiblemente, solo una pequeña parte de lo que es posible. No hay razón para pensar que los seres humanos posean menos límites impuestos por su biología que otros animales. De la misma manera en que los chimpancés carecen de los medios cognitivos para comprender qué significa ser humano y lo que ello acarrea, nuestras ambiciones, nuestras filosofías, la complejidad de la sociedad humana o las sutilezas de nuestras interrelaciones, nosotros los humanos podríamos carecer también de la capacidad de formar una comprensión intuitiva y realista de lo que sería ser un ser humano mejorado (un “posthumano”) y de los pensamientos, preocupaciones, aspiraciones y relaciones sociales que tales entidades puedan tener.
Nuestro propio modo actual de ser, por lo tanto, abarca solo un subconjunto diminuto de lo que es posible o permitido por las restricciones físicas del universo (ver Figura 1). No es exagerado suponer que hay partes de este espacio más grande que representan formas extremadamente valiosas de vivir, relacionarse, sentir y pensar.

Figura 1. No hemos visto nada todavía (no está dibujado a escala). El término “transhumano” denota seres en transición, o seres humanos moderadamente mejorados, cuyas capacidades estarían en algún lugar entre las de los seres humanos no aumentados y los posthumas. (Por el contrario, un transhumanista es simplemente alguien que acepta el transhumanismo).
Las limitaciones del ser humano nos son tan familiares que a menudo no las notamos, y cuestionarlas requiere manifestar una ingenuidad casi infantil. Consideremos algunas de las más básicas.
Debido a las condiciones precarias en las que vivieron nuestros antepasados del Pleistoceno, la esperanza de vida humana ha evolucionado hasta convertirse en una pequeñez de siete u ocho décadas. Esto es, desde muchas perspectivas, un período de tiempo bastante efímero. Incluso las tortugas han superado ese margen con creces.
No tenemos que usar comparaciones geológicas o cosmológicas para resaltar lo corta que es nuestra vida. Para tener la sensación de que podemos estar perdiendo algo importante por nuestra tendencia a vivir tan poco, solo tenemos que recordar algunas de las cosas valiosas que podríamos haber hecho o intentado hacer si hubiéramos tenido más tiempo. Para los jardineros, educadores, académicos, artistas, urbanistas y aquellos que simplemente disfrutan observando y participando en los espectáculos culturales o políticos de la vida, tres una vida es a menudo insuficiente para completar tan solo un proyecto importante, por no hablar de proyectos.
El desarrollo del carácter humano también se ve interrumpido por el envejecimiento y la muerte. Imagina lo que podría haber sido de un Beethoven o un Goethe si todavía hubieran estado con nosotros hoy en día. Tal vez se habrían convertido en viejos gruñones interesados exclusivamente en conversar sobre los logros de su juventud. Pero tal vez, si hubieran seguido gozando de salud y vitalidad juvenil, habrían seguido creciendo como personas y artistas, hasta alcanzar niveles de madurez que apenas podemos imaginar. Ciertamente no podemos descartar eso en base a lo que sabemos hoy. Por lo tanto, hay al menos una posibilidad significativa de que haya algo muy precioso fuera de la esfera humana. Esto constituye una razón para buscar los medios que nos permitirán lograrlo y descubrirlo.
Todos hemos tenido momentos en los que deseábamos ser un poco más inteligentes. La máquina de pensar de tres libras, parecida a un queso, que tenemos en nuestros cráneos puede hacer algunos trucos, pero también tiene notorias deficiencias. Algunas de estas, como olvidar comprar leche o no alcanzar la fluidez nativa en los idiomas que aprendes de adulto, son obvias y no requieren mayor detalle. Estas deficiencias son inconvenientes, pero difícilmente barreras fundamentales para el desarrollo humano.
Sin embargo, hay un sentido más profundo en las limitaciones de nuestro aparato intelectual y por ende en nuestra actividad mental. Mencioné la analogía del chimpancé anteriormente: tal como es el caso de los grandes simios, nuestra propia composición cognitiva podría excluir todo los niveles de comprensión y actividad mental que existen o puede existir. El punto aquí no tiene que ver con ninguna imposibilidad lógica o metafísica: no debemos suponer que los posthumanos no aprobarían el test de Turing o que tendrían conceptos que no podrían expresarse con oraciones finitas en nuestro idioma, ni nada por el estilo. La imposibilidad a la que me refiero es más como la imposibilidad para los humanos actuales de visualizar una hiperesfera de 200 dimensiones o de leer, con un recuerdo y comprensión perfectos, todos los libros de la Biblioteca del Congreso. Estas cosas son imposibles para nosotros porque simplemente carecemos de la capacidad intelectual. De misma forma, puede que no posea la capacidad de comprender intuitivamente cómo sería ser un posthumano o de asimilar el amplio campo de asuntos de interés posthumanos.
Además, nuestros cerebros humanos pueden limitar nuestra capacidad para descubrir verdades filosóficas y científicas. Es posible que la incapacidad de la investigación filosófica por llegar a respuestas sólidas, y de aceptación general, para muchas de las grandes preguntas filosóficas tradicionales se deba al hecho de que no somos lo suficientemente inteligentes como para tener éxito en este tipo de investigación. Nuestras limitaciones cognitivas pueden estar condenándonos a yacer dentro de una cueva platónica, donde lo mejor que podemos hacer es teorizar sobre las “sombras”, es decir, sobre representaciones que están lo suficientemente simplificadas y reducidas para que quepan dentro de un cerebro humano.
Nosotros mejoramos nuestro sistema inmunológico mediantes vacunas, y podemos imaginar mejoras adicionales en nuestros cuerpos que nos podrían proteger de enfermedades o nos ayudarían a moldear nuestros cuerpos según nuestros deseos (por ejemplo, al permitirnos controlar la tasa metabólica de nuestros cuerpos). Tales mejoras podrían incrementar la calidad de nuestras vidas.
Una suposición más radical podría ser posible si suponemos una visión computacional de la mente. De ser así, sería posible cargar (upload) una mente humana a una computadora, replicando detalladamente en circuitos (en silicio) los procesos computacionales que normalmente se ejecutan en un cerebro humano4. Cargar la mente o convertirse en un upload poseería muchas ventajas potenciales, como la capacidad de hacer copias de seguridad de uno mismo (con un impacto favorable en la esperanza de vida) y la capacidad de transmitirse como información a la velocidad de la luz. Las mentes cargadas o uploads pueden vivir en la realidad virtual o también directamente en la realidad física mediante el control de un robot o avatar.
Los mecanismos sensoriales que posee el ser humano no son ni los únicos existentes ni se hallan desarrollados plenamente. Algunos animales tienen sonar, orientación magnética, sensores eléctricos y de vibración; muchos tienen un sentido del olfato mucho más agudo, una visión más aguda, etc. El rango de posibles mecanismos sensoriales no se limita a las que encontramos en el reino animal. No hay una razón por la cual no contemplar, por ejemplo, una capacidad para ver la radiación infrarroja o para percibir señales de radio, incluso agregar algo similar a la telepatía como consecuencia de la adición de transmisores de radio con interfaces adecuadas al cerebro.
Los humanos también disfrutan de una variedad de facultades singulares, como la apreciación de la música y el sentido del humor, y sensibilidades como la capacidad de excitación sexual en respuesta a estímulos eróticos. Nuevamente, no hay razón para pensar que lo que tenemos agota el rango de lo posible, y ciertamente podemos imaginar niveles más altos y complejos de sensibilidad y capacidad de respuesta ante los mismos o diversos estímulos.
A pesar de nuestros mejores esfuerzos, a menudo no nos sentimos tan felices como nos gustaría. Nuestros recurrentes niveles de bienestar subjetivo parecen estar en gran parte determinados genéticamente. Las vivencias tienen poco impacto a largo plazo; los altos y bajos de la suerte nos dan momentos de euforia o nos derriban, pero hay ligero efecto a largo plazo en el bienestar identificado por el individuo. La alegría duradera sigue siendo difícil de alcanzar, excepto para aquellos que han tenido la suerte de haber nacido con el temperamento preciso para ello.
Además de que nuestro nivel de bienestar dependa de nuestros genes, estamos limitados en lo que respecta a la energía, la fuerza de voluntad y la capacidad de configurar nuestro propio carácter de acuerdo con nuestros ideales. Incluso los objetivos “simples” como perder peso o dejar de fumar resultan inalcanzables para muchos.
Algunos problemas de estos tipos podrían ser necesarios en lugar de una infortunada consecuencia dependiente de nuestra composición biológica. Por ejemplo, no podemos poseer ambos, la capacidad de romper fácilmente cualquier hábito y la capacidad de formar hábitos estables y difíciles de romper. (En este sentido, lo mejor que podemos desear es la capacidad de deshacernos fácilmente de hábitos que no elegimos deliberadamente en primer lugar, y tal vez un sistema de formación de hábitos más versátil que nos permita elegir con mayor precisión cuando adquirir un hábito y cuánto esfuerzo debería costar romperlo.)
La conjetura de que existen valores mayores de los que actualmente podemos comprender no implica que los valores no se hallen definidos de acuerdo a nuestros rasgos actuales. Tomemos, por ejemplo, una teoría del rasgo de los valores, como la que describe David Lewis5. De acuerdo con la teoría de Lewis, algo es un valor para ti si y solo si quisieras desearlo si estuvieras perfectamente familiarizado con él y estuvieras pensando y deliberando lo más claramente posible al respecto. Desde esta perspectiva, pudiera haber valores que no deseamos actualmente, y que ni siquiera deseamos, porque no estamos familiarizados con ellos o porque no somos muy reflexios. Algunos valores pertenecientes a ciertas formas de existencia posthumana puede que sean de este tipo; podrían ser valores para nosotros ahora, y pueden serlo en virtud de nuestras capacidades actuales, y, sin embargo, es posible que no podamos apreciarlos plenamente con nuestras actuales capacidades de reflexión y nuestra falta de facultades receptivas suficientes para su correcta interpretación. Este punto es importante porque muestra que la visión transhumanista de que debemos explorar el universo de los valores posthumanos no implica que debamos renunciar a nuestros valores actuales. Los valores posthumanos pueden ser nuestros valores actuales, aunque no los hayamos comprendido claramente. El transhumanismo no implica que debamos favorecer a los seres posthumanos sobre los seres humanos, sino que la manera correcta de favorecer a los seres humanos es permitiéndonos realizar mejor nuestras metas e ideales y que algunos de estos pueden estar ubicados fuera del conjunto de conductas que nos son accesibles con nuestra actual constitución biológica.
Podemos superar muchas de nuestras limitaciones biológicas. Es posible que haya algunas limitaciones que nos son imposibles de superar, no solo por dificultades tecnológicas sino también por razones metafísicas. Dependiendo de cuáles sean nuestros puntos de vista acerca de lo que constituye la identidad personal, podría ser que ciertos modos de ser o vivir, mientras sea posible, resulten imposibles para nosotros porque cualquier ser de aquel tipo sería tan diferente de nosotros que simplemente no podríamos ser nosotros mismos. Las preocupaciones de este tipo son familiares a partir de las discusiones teológicas de la vida futura. En la teología cristiana, Dios permitirá que algunas almas vayan al cielo después de la muerte física. Antes de ser admitidos en el cielo, las almas serán sometidas a un proceso de purificación en el que perderán muchos de sus atributos corporales anteriores. Los escépticos dudan de que las mentes resultantes sean lo suficientemente similares a las mentes actuales como para que sea posible identificarlos como la misma persona. Un problema similar surge dentro del transhumanismo: si la forma de ser de un ser posthumano es radicalmente diferente del de un ser humano, entonces podríamos dudar de si un ser posthumano podría ser la misma persona que un ser humano, incluso si el ser posthumano fue producto de ese mismo ser humano.
Sin embargo, podemos imaginar muchas mejoras que no harían imposible que alguien posterior a la transformación sea la misma persona que la persona anterior a la transformación. Una persona puede obtener una mayor esperanza de vida, inteligencia, salud, memoria y sensibilidad emocional, sin dejar de existir en el proceso. La vida intelectual de una persona puede transformarse radicalmente gracias a la educación. La esperanza de vida de una persona puede extenderse sustancialmente al curarse inesperadamente de una enfermedad letal. Sin embargo, estos procesos no se ven como el final de la persona original. En efecto, parece que las modificaciones que aportan a las capacidades de las personas son más sustanciales que las modificaciones que restan, como el daño cerebral. Si la mayoría de las personas que están actualmente, incluidos sus recuerdos, actividades y sentimientos más importantes, se conservan, agregar capacidades adicionales no haría que la persona dejara de existir fácilmente.
La preservación de la identidad personal, especialmente si a esta noción se le da una interpretación estrecha, no lo es todo. Podemos valorar otras cosas más que a nosotros mismos, o podríamos considerar satisfactorio si algunas partes o aspectos de nosotros sobreviven y florecen por separado, incluso si eso implica renunciar a algunas características o partes de nosotros de manera que ya no seamos la misma persona o contemos como el mismo individuo. Las partes de nosotros mismos que podríamos estar dispuestos a sacrificar pueden no quedar claras hasta que estemos más familiarizados con las implicaciones de las otras opciones. Una exploración cuidadosa del mundo posthumano podría ser indispensable para adquirir tal comprensión, aunque también podríamos aprender de las experiencias de los demás y de la imaginación.
Además, podemos promover que las personas futuras sean posthumanas en lugar de humanas, si los posthumanos gozarán de vidas más provechosas que los humanos. Cualquier razón derivada de tales consideraciones no dependería del supuesto de que nosotros mismos podríamos convertirnos en seres posthumanos.
El transhumanismo promueve la búsqueda de un mayor desarrollo para que podamos explorar realidades valiosas ahora inaccesibles. La mejora tecnológica de los organismos humanos es un medio que debemos perseguir con este fin. Existen límites sobre cuánto se puede lograr con medios de baja tecnología, como la educación, la contemplación filosófica, el autocontrol moral y otros métodos similares propuestos por filósofos clásicos con inclinaciones perfeccionistas, incluidos Platón, Aristóteles y Nietzsche, o mediante la creación de una sociedad más justa y mejor, tal como lo previeron reformistas sociales como Marx o Martin Luther King. Esto no es denigrar lo que podemos hacer con las herramientas que tenemos hoy. Sin embargo, en última instancia, los transhumanistas esperan llegar más lejos.
Si esta es la gran visión, ¿cuáles son los objetivos más particulares a los que se traduce este proyecto cuando se le considera como una guía de políticas?
Lo que se necesita para la realización del sueño transhumanista es que los medios tecnológicos necesarios para aventurarse en el posthumanismo se hallen disponibles para quienes deseen usarlos, y que la sociedad esté organizada de tal manera que puedan realizarse tales exploraciones sin causar daño inaceptable al desarrollo de las sociedades y sin imponer riesgos existenciales inaceptables.
Si bien los desastres y las complicaciones son inevitables tanto en la implementación del proyecto transhumanista como en caso de que no se persiguiera el proyecto transhumanista, hay una clase de catástrofe que debe evitarse a cualquier costo para lograr la transhumanización del hombre:
Uno en el que un resultado adverso aniquilaría la vida inteligente originada en la Tierra o restringiría de forma permanente y drástica su potencial6.
Varias discusiones recientes han argumentado que la probabilidad combinada de los riesgos existenciales es muy importante7. La relevancia de la condición de seguridad existencial para la visión transhumanista es obvia: si nos extinguimos o destruimos permanentemente nuestro potencial para seguir desarrollándonos, entonces no se realizará el valor central del transhumanismo. La seguridad global es el requisito más fundamental y no negociable del proyecto transhumanista.
Que el progreso tecnológico sea generalmente deseable desde un punto de vista transhumanista también es evidente. Muchas de nuestras deficiencias biológicas (envejecimiento, enfermedad, débiles recuerdos e intelectos, un repertorio emocional limitado y una capacidad inadecuada para un bienestar sostenido) son difíciles de superar, y para hacerlo se requerirán herramientas avanzadas. Desarrollar estas herramientas es un desafío enorme para las capacidades colectivas de resolución de problemas de nuestra especie. Dado que el progreso tecnológico está estrechamente relacionado con el desarrollo económico, el crecimiento económico, o más precisamente, el crecimiento de la productividad, puede en algunos casos servir como un intermediario del progreso tecnológico. (El crecimiento de la productividad es, por supuesto, solo una medida imperfecta de la forma relevante de progreso tecnológico, que, a su vez, es una medida imperfecta de mejora general, ya que omite factores tales como la equidad de distribución, la diversidad ecológica y la calidad de las relaciones humanas).
La historia del desarrollo económico y tecnológico, y el crecimiento concomitante de la civilización, se considera con admiración, como el logro más glorioso de la humanidad. Gracias a la acumulación gradual de mejoras durante los últimos miles de años, grandes porciones de la humanidad han sido liberadas del analfabetismo, la esperanza de vida de veinte años, las alarmantes tasas de mortalidad infantil, las enfermedades horribles que se soportan sin paliativos, el hambre periódica y la escasez de agua. La tecnología, en este contexto, no abarca a los gadgets únicamente, sino que incluye todos los objetos instrumentales y sistemas útiles que se han creado deliberadamente. Esta definición amplia abarca prácticas e instituciones como la contabilidad con doble entrada, la revisión científica por pares, los sistemas legales y las ciencias aplicadas.
No es suficiente que unos pocos exploren el reino posthumano. La plena realización del valor transhumanista central requiere que, idealmente, todos tengan la oportunidad de convertirse en posthumanos. No sería óptimo si la oportunidad de convertirse en posthumano estuviera restringida a una pequeña élite.
Hay muchas razones para apoyar el acceso amplio: para reducir la desigualdad; porque sería un arreglo más justo; para expresar solidaridad y respeto por los demás seres humanos; para ayudar a obtener apoyo para el proyecto transhumanista; para aumentar las posibilidades de que tú tengas la oportunidad de convertirte en posthumano; para aumentar las posibilidades de que aquellos que te importan puedan convertirse en posthumanos; porque podría aumentar el rango del reino posthumano que se explora; y para aliviar el sufrimiento humano en la mayor escala posible.
El requisito de acceso amplio subyace a la urgencia moral de la visión transhumanista. El acceso amplio no apoya la duda para actuar. Por el contrario, que todo siga igual es un argumento para avanzar lo más rápido posible. 150,000 seres humanos en nuestro planeta mueren cada día, sin haber tenido ningún acceso a las tecnologías de mejora anticipadas que permitirán que hubieran permitido que se convierta en posthumano. Cuanto antes se desarrolle esta tecnología, menos personas morirán sin acceso a la posthumanidad.
Considere un caso hipotético en el que hay una opción entre (a) permitir que la población humana actual continúe existiendo y (b) reemplazar a través de una muerte instantánea e indolora a la humanidad por seis mil millones de nuevos seres humanos que son muy similares pero no idénticos a las personas que existen hoy. Tal reemplazo debe ser fuertemente resistido por razones morales, ya que implicaría la muerte involuntaria de seis mil millones de personas. El hecho de que serían reemplazados por seis mil millones de personas similares creadas recientemente no hace que la sustitución sea aceptable. Los seres humanos no son desechables. Por razones análogas, es importante que la oportunidad de convertirse en posthumano se ponga a disposición de tantos humanos como sea posible, en lugar de que la población existente simplemente se complemente (o, lo que es peor, se sustituya) por un nuevo conjunto de personas posthumanas. El ideal transhumanista se realizará al máximo solo si los beneficios de las tecnologías se comparten ampliamente y si se ponen a disposición lo antes posible, preferiblemente dentro de nuestra vida.
De estos requisitos específicos fluyen una serie de valores transhumanistas derivados que traducen la visión transhumanista a la práctica. (Algunos de estos valores también pueden tener justificaciones independientes, y el transhumanismo no implica que la lista de valores que se proporciona a continuación sea exhaustiva).
Para empezar, los transhumanistas suelen hacer hincapié en la libertad individual y la elección individual en el área de las tecnologías de mejora. Los seres humanos difieren ampliamente en sus concepciones de en qué consistirían su propia perfección o mejora. Algunos quieren desarrollarse en una dirección, otros en diferentes direcciones, y algunos prefieren quedarse como están. Tampoco sería moralmente aceptable que alguien imponga una norma única que todos deberíamos cumplir. Las personas deben tener derecho a elegir qué tecnologías de mejora usar, si desearan usarlas. En los casos en que las elecciones individuales impactan sustancialmente en otras personas, este principio general podría ser restringido, pero el simple hecho de que alguien se sienta disgustado o moralmente ofendido por alguien que usa la tecnología para modificarse a sí misma no habrá de ser un motivo legítimo para la interferencia coercitiva, es decir, para evitar la mejora. Además, la mala trayectoria de los esfuerzos planificados centralmente para crear mejores personas (por ejemplo, el movimiento eugenésico y el totalitarismo soviético) muestra que debemos tener cuidado con la toma de decisiones colectivas en el campo de la modificación humana.
Otra prioridad transhumanista es ponernos en una mejor posición para tomar decisiones sabias sobre hacia dónde vamos. Necesitaremos toda la sabiduría que podamos obtener al negociar la transición hacia la posthumanidad. Los transhumanistas dan un gran valor a las mejoras en nuestros poderes individuales y colectivos de comprensión y en nuestra capacidad para implementar decisiones responsables.
En conjunto, podríamos ser más inteligentes y más informados a través de medios como la investigación científica, el debate público y el debate abierto sobre el futuro, los mercados de información8, y el filtrado de información colaborativo9. A nivel individual, podemos beneficiarnos de la educación, el pensamiento crítico, la mentalidad abierta, las técnicas de estudio, la tecnología de la información y quizás las drogas que mejoran la memoria o la atención y otras tecnologías de mejora cognitiva. Nuestra capacidad para implementar decisiones responsables se puede mejorar expandiendo el estado de derecho y la democracia en el plano internacional. Además, la inteligencia artificial, especialmente si alcanza la equivalencia humana o superior, podría dar un enorme impulso a la búsqueda de conocimiento y sabiduría.
Dadas las limitaciones de nuestra sabiduría actual, un cierto carácter epistémico es apropiado, junto con una disposición para reevaluar continuamente nuestros supuestos a medida que más información esté disponible. No podemos dar por sentado que nuestros viejos hábitos y creencias serán adecuados para navegar a lo largo de las nuevas circunstancias posthumanas.
La seguridad mundial puede mejorarse promoviendo la paz y la cooperación internacionales y contrarrestando fuertemente la proliferación de armas de destrucción masiva. Las mejoras en la tecnología de vigilancia pueden facilitar la detección de programas de armas ilícitas. Otras medidas de seguridad también podrían ser apropiadas para contrarrestar varios riesgos existenciales. Más estudios sobre tales riesgos nos ayudarían a comprender mejor las amenazas a largo plazo para el florecimiento humano y lo que se puede hacer para reducirlos.
Dado que el desarrollo tecnológico es necesario para concretar la visión transhumanista, se deben promover el espíritu empresarial, la ciencia y el espíritu ingenieril. Más generalmente, los transhumanistas favorecen una actitud pragmática y un enfoque constructivo de resolución de problemas para los desafíos, prefiriendo los métodos que experimentalmente nos den buenos resultados. Piensan que es mejor tomar la iniciativa de “hacer algo al respecto” en lugar de sentarse a quejarse. Este es un sentido en el que el transhumanismo es optimista. (No es optimista en el sentido de defender una creencia inflada en la probabilidad de éxito o en el sentido Panglossiano de inventar excusas para las deficiencias del status quo).
El transhumanismo aboga por el bienestar de toda entidad sintinete, ya sean inteligencias artificiales, humanos y animales no humanos (incluidas las especies extraterrestres, si las hay). El racismo, el sexismo, el especismo, el nacionalismo beligerante y la intolerancia religiosa son inaceptables. Además de los motivos habituales para considerar tales prácticas objetables, también existe una motivación específicamente transhumanista para esto. Con el fin de prepararnos para un momento en que la especie humana pueda comenzar a ramificarse en varias direcciones, debemos comenzar ahora para alentar enérgicamente el desarrollo de sentimientos morales que sean lo suficientemente amplios como para abarcar la esfera de las preocupaciones de interés moral que se constituyen de manera diferente a nosotros mismos.
Finalmente, el transhumanismo enfatiza la urgencia moral de salvar vidas o, más precisamente, de prevenir muertes involuntarias entre personas cuyas vidas valen la pena vivir. En un mundo desarrollado, el envejecimiento es actualmente el asesino número uno. El envejecimiento también es la principal causa de enfermedad, discapacidad y demencia. (Incluso si todas las enfermedades cardíacas y el cáncer pudieran curarse, la esperanza de vida aumentaría en solo seis a siete años). Por lo tanto, la medicina antienvejecimiento es una prioridad transhumanista clave. El objetivo, por supuesto, es extender radicalmente la vida activa de las personas, no agregar algunos años adicionales a un ventilador al final de la vida.
Como todavía estamos lejos de poder detener o revertir el envejecimiento, la suspensión criónica de los muertos debe estar disponible como una opción para aquellos que lo deseen. Es posible que las tecnologías futuras permitan reanimar a las personas que se han suspendido crónicamente10. Si bien la criónica puede ser una posibilidad remota, definitivamente tiene mejores probabilidades que la cremación o el entierro.
La siguiente tabla resume los valores transhumanistas que hemos discutido.
| Tabla de valores transhumanistas |
|---|
| Valor central |
| - Tener la oportunidad de explorar los reinos transhumanos y posthumanos. |
| Condiciones básicas |
| - Seguridad global |
| - Progreso tecnológico |
| Valores derivados |
| - No hay nada de malo en “manipular la naturaleza”; la idea de arrogancia es rechazada. |
| - Libre elección individual en el uso de tecnologías de mejoramiento humano; libertad morfológica. |
| - Paz, cooperación internacional, cese en el desarrollo de armas de destrucción masiva. |
| - Mejora de la comprensión (fomento de la investigación y el debate público; pensamiento crítico; apertura mental, investigación científica; debate abierto sobre el futuro). |
| - Hacerse más inteligente (individualmente, colectivamente y desarrollar inteligencia artificial). |
| - Falibilismo filosófico; disposición para reexaminar suposiciones a medida que avanzamos. |
| - Pragmatismo; tendencia ingenieril, emprendedor y científico emprendedor. |
| - Diversidad (especies, razas, creencias religiosas, orientaciones sexuales, estilos de vida, etc.). |
| - Cuidar el bienestar de todo ser sintiente. |
| - Salvar vidas (extensión de la vida, investigación antienvejecimiento y criogénica). |
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